Desde la psicología clínica, el amor y la idealización no son lo mismo, aunque se sientan parecidos.
Cuando idealizas, tu cerebro está dominado por dopamina, la hormona del deseo, la anticipación y la recompensa.
La dopamina no ve la realidad, solo se enfoca en lo que espera recibir, por eso exagera virtudes, minimiza señales de alerta y se engancha a la fantasía.
En ese estado, tu cerebro rellena vacíos emocionales, justifica incoherencias y se apega más a lo que imagina que a la persona real.
En cambio, el amor saludable activa otros sistemas cerebrales:
oxitocina, que genera vínculo, confianza y sensación de seguridad emocional
serotonina, que regula el ánimo y permite sentir calma y estabilidad
corteza prefrontal, que es la zona del cerebro encargada del criterio, los límites y la evaluación realista
Por eso en el amor hay claridad, coherencia y regulación emocional…
y no una montaña rusa constante.”
“Si duele, obsesiona y te hace perderte,
no es amor…
es una herida emocional buscando validación”